Realismo Mágico.
Esto me cuenta un compañero de trabajo. En los `50, cerca de Crucecita Séptima, tierra probablemente existente –existe al menos, en la poética de Raúl Izrael y es el lugar al que vuelve de vez en cuando nuestra amiga Mariana- cae un avión en medio del campo. El tío de mi amigo se acerca a galope al lugar del accidente. Escenografía de catástrofe. La única figura reconocible es una virgen María que algún pasajero transportaba y que queda prolijamente parada en medio del humo, los cadáveres, los fierros retorcidos. El tío de mi amigo se da cuenta que está ante una escena de otra sintonía. Atónito, pide un deseo. A los minutos, ese deseo viene corporizado en forma de una mujer, que llega alarmada por el accidente. Esa iba a ser SU mujer el resto de su vida.
El mismo compañero de trabajo me cuenta otra historia. La de otro tío, que vivía cerca del Paseo Costero. Y que fue sorprendido una mañana por dos extraños con intenciones de robarlo. Lo atan y lo matan a palazos en la espalda. Mi amigo llega y se encuentra con la imagen. Ahí no hubo virgen, ni presencia sobrenatural, ni deseo que desandara lo irreversible. Fue mas bien, una manifestación del absurdo de la vida. La evidencia de su aleatoridad, de que a ella no hay currículum que le importe. Uno de los asesinos de su tío atiende una gomería a la que cualquiera puede caer sin saber de quien se trata.
Otro compañero de trabajo es un talentoso del dibujo. Pero sólo dibuja duendes. Le pregunto por qué. “Porque los veo”, me contesta. Sus trabajos cuelgan sobre el marco de la puerta, a la entrada de la librería.
miércoles, agosto 31, 2005
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