martes, noviembre 04, 2008

Sad, sad, sad...ismo

Tardecita de calor en Paraná. Me acerco para sentarme en un banco de la Plaza San Miguel, junto a una señora mayor. Termino de hacerlo y veo un nene de no más de 12 años sacando una paloma del agua de la fuente. Pienso “qué buen gesto”. La deja en el piso, y comienza a tomar carrera como si estuviera a punto de patear el penal del siglo, con la paloma como clara candidata a balón nº 5. Caigo en un segundo y alcanzo a pegar el grito: “¡Eh! ¿¡Qué hacés!?”. El pibe me mira, me hace unas muecas y espeta unos monosílabos inentendibles pero claramente agresivos hacia mi persona. Se va rumiando por lo bajo. No me alcanzo a recuperar de la escena, cuando la señora junto a mi lado en el banco me dice: “La estaba ahogando en la fuente”. No puedo creer.
Enseguida recuerdo una noche en Crespo, frente a la terminal donde esperaba mi colectivo, ver cómo unos adolescentes jugaban a la piñata con un gato ahorcado colgado de un árbol. También intercepté la agresión. Los pibes me miraron desafiantes, y uno me dijo: “El gato es mío”. Logré que pararan por un momento. Pero cuando llegó mi colectivo alcancé a ver cómo uno de ellos agarraba al animal moribundo y le pegaba un voleo que terminó con el gato arriba de un techo y, como si fuera Riquelme terminando de convertir el gol del campeonato, me lo dedicaba. Alex de la Naranja Mecánica tiene miles de hijos pródigos, igual de sádicos, aunque no lo sepan y no escuchen música clásica...