* Desde el frente. Comienzo a notar los síntomas del envilecimiento en mi propia persona: actitudes egoístas, planteos infantiles, reproches; todos síntomas catárticos de la presión del dispositivo disciplinar del trabajo asalariado y su rutina. Una cosa es saberlo, otra muy distinta es ver cómo el cáncer sistémico va tomando el cuerpo y la mente por partes. Empiezo a perder la capacidad de autoanálisis y convertirme en el burro que corre la zanahoria y comienza a ver esa zanahoria como el único fin, y no como un medio para posibilitar otras cosas (un trabajo desde donde "recuperar" para hacer en otro lado lo que a uno verdaderamente lo realiza, por ejemplo). Pero el origen se desdibuja y comienza a ser origen mítico, y por lo tanto totalmente funcional al actual estado de cosas. Esos mitos legitiman órdenes, disciplinan, estructuran.
Ayer me peleé con mi compañera de trabajo; como un click que dispara cosas peores. Antes de que el proceso sea irreversible, y yo deje de darme cuenta, comienzo a despedirme de mi lucidez y mi buena leche ahora que me hago tiempo para sentarme a escribir y todavía no sucumbo a la anestesia catódica de –en mi caso- los tres canales de aire.
* Parece mentira que quien escribe esto sea el mismo que hace meses se quedó sin un trabajo copadísimo y bien pago en la universidad por negarse a pedir disculpas a un burócrata psicólogo por apreciaciones que yo había escrito unos meses antes ¡en mi propio blog!. Él nunca iba a recibir mis disculpas en ese tribunal de la moral institucional –fábrica de burócratas serviciales, peleando por nichos en un cementerio privado- como pretendía que hiciera. Él se metió sus disculpas en su culo fofo, y yo me quedé sin laburo.
* Ahora, en la librería, uno se expone al cinismo del poder y por conservar las formas y agachar la cabeza (“Hay que vender” es LA variable), tuve que escuchar al Pacha Mori decir frente a un cuadro del poeta Juanele:
-¿Cómo quieren que no haya desnutrición en la provincia si toman como ejemplo a este desnutrido de Juanele?
... todo mientras compraba diez ejemplares de “Guardia de Hierro” para regalar a sus amigos fachos y enriquecidos durante el menemismo. Siempre pensé en lo que pasaría si él supiera que soy yo quien escribe esto y que lo he puesto de tapa varias veces en las páginas de humor del semanario Análisis. Flor me dio una respuesta inteligente y precisa:
“-Decime, ¿quién tiene cuentas con la justicia y tendría que andar escondido como una rata? ¿Vos o él?”
* Antes que me termine de envilecer del todo y los pierda, quiero dejar en claro que lo único que me interesa en este puto mundo del adormecidero social son Flor, mis amigos y mi familia. Seguiré jugando el juego hasta que el personaje me coma del todo y no sólo no me de cuenta, sino quizás hasta lo disfrute. Ya hay varios síntomas. Los que comparten muchas horas conmigo lo saben y padecen. Mis disculpas.
Maxi.
martes, diciembre 13, 2005
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