lunes, octubre 24, 2005

Crónicas de Librería IV

Juaneleadas

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En la librería hay un enorme cuadro de Juanele, pintado por Bourband, que despierta comentarios de los mas variados y pitucos. El mismo hijo de Juanele, por ejemplo, dijo en la inauguración del local que “pareciera estar viéndolo de verdad” (a su padre). El hijo de Juanele parece ser mas viejo que Juanele... quizás porque carece de esa frondosidad capilar indomable, mas bien todo lo contrario.

Hace unos días, vino una persona mayor, se paró frente al cuadro y dijo:
-Yo operé de los ojos a Juanele. Generalmente se opera de a un ojo por vez, pero lo vi tan flaquito que tuve miedo que no aguantara dos anestesias totales, así que con una, hice las dos intervenciones juntas. Él siempre me agradeció haber mejorado su vista. Tanto, que cuando falleció, su mujer me regaló sus anteojos para que yo los conservara.

Carlos Saúl

La misma persona, luego de contarnos esa anécdota, nos refiere otra:
-También conocí a Carlos Saúl.
Mmmm, pensamos. A ver con qué se despacha este.
-Yo estudiaba en Córdoba. A mí me conocían como “El Loco”. Y Carlos era un personaje conocido en el ambiente universitario. Ya presidente, tuve oportunidad de cruzarme con él, y extendiéndole la mano le digo “¿Te acordás de mí?, yo soy `El Loco” El me mira y me dice: “Cuando yo estudiaba en Córdoba conocí a alguien al que llamaban así… ¿no serás vos?”. “Sí, le contesto”. Y le pregunto: “¿Y te acordás como te decían a vos?”. “No, ¿cómo?”. “¡`Turco de mierda´!”. Los custodios saltaron como fieras, también Kohan o Corach o algunos de los que siempre estaban con él y Carlos Saúl enseguida los frena: “Tranquilos, son anécdotas universitarias, es un amigo”. Me saluda y me alcanza a preguntar: “¿Sos de los míos”. “No”, fue mi única respuesta.

Franco
-¿Tenés la “Rebelión del Atlas”?, me pregunta un joven con cara de yuppy (¿este adjetivo no es medio mucho para este pueblo?).
-Sí, sale ochenta y siete pesos.
-Quiero dos, son para regalar.
-¿Qué tipo de libro es? –le pregunto-
-Es el libro fundador de la filosofía objetivista. Lo opuesto al marxismo, me dice.
-¿Lo opuesto al marxismo? ¿Cómo es eso?, pregunto.
-El libro explica cómo cada uno puede buscar la felicidad individualmente, no colectivamente. Fue el libro de cabecera de Franco. Cuando volvió la democracia en España, estuvo prohibido. Por suerte hoy lo podemos leer.
-Son ciento setenta y cuatro pesos, le digo

Cueva.

Allá abajo, en las catacumbas del Flamingo Mall, apenas tenemos noticias del mundo exterior. No tenemos radio, no sabemos si llueve, si pasó Wilma o si hubo elecciones. A propósito ¿Qué pasó el domingo?
Los dejo amigos, a mi perra le agarró un ataque de epilepsia y tengo que estar a su lado… hasta que pase el temblor.