miércoles, agosto 03, 2005

Salud política! Salud Sexual

Por Pablo Benito (Tercer Mundo Online)

Tantas palabras que, desde TM y TMO, “tecleamos” para denostar y denunciar las irregularidades de 22 años de Justicialismo, nos da la posibilidad de reconocer a un funcionario que tiene los cojones como para defender preceptos ideológicos y humanitarios. El Dr. Silvestre Begnis, será repudiado o aplaudido, pero su gestión en salud no pasará desapercibida. ¿Qué es candidato? De veras importa poco. Nadie recordará si fue candidato. Pero miles de santafesinos, presentes y futuros, sobrevivirán a la bomba de tiempo que es la “ignorancia” sexual.

A usted le digo

Mire señor “moralista”, si un solo pibe contrae el SIDA porque usted militó para prohibirle tener la información suficiente como para evitarlo, lo suyo no es una “opinión más” que debe ser respetada, lo suyo es homicidio. Lo suyo no es moral, lo suyo es apología de la muerte.
¿Alguien puede explicar que es lo que se necesita consensuar para que todo los pibes que pasen por las instituciones educativas del Estado puedan hablar, entre sus pares, del forro y lo que su uso evita y así naturalizar su utilización?
Dijo Monseñor Arancedo que preferiría hablar de “educación para el amor” y no sexual. Bárbaro. Es una opinión más. Yo opino que debería llamarse “Educación para el Placer” y también es una opinión más. Cómo me gustaría, monseñor, que en las escuelas se den pautas a los pibes para tener orgasmos tan intensos como para que no tengan tiempo para arruinarse la vida con otros “placeres”, bastante menos interesantes como el faso, el alcohol o Tinelli.
Quisiera, respetado Monseñor, que en la escuela existan las materias “Fellatio I”, “Fellatio II”, “Introducción al Cunnillingus” o “Metodología de la investigación Anal”.
Hay escuelas que enseñan a matar, como la de policía o el Liceo Militar ¿Cuál sería el problema que existan escuelas en donde se den herramientas para el buen placer?
¿Cómo se explica, señor Monseñor, que la iglesia se escandalice ante un joven que empuña el pene ante su pareja y le parezca normal que un adolescente empuñe un arma y sepa como y donde disparar a matar?
Miré, mi padre no me enseño esto, pero lo aprendí sólo. Hay que desconfiar de los puristas porque suelen ser los más perversos y, sabe usted que sería injusto referirse sólo a Storni en este caso. Hay que desconfiar de los “nazionalistas” porque culminan siendo los más vendepatrias. Hay que desconfiar de aquellos que cada tres palabras necesitan decir que son honestos porque de seguro estamos frente a un corrupto.
Y ésta, señor Monseñor, es una opinión más. Y es extemporánea. Y la sociedad siquiera está capacitada para escucharla y mucho menos para debatirla. Nadie convocaría a las entidades intermedias, ONGS y demás organizaciones que disfrutan de rascarse “pa dentro”, para debatir mi humilde idea. Aunque sea la del abolicionismo de la Educación para Matar. Reconozco, que esta idea suena loca y que mucha gente, mas arriba, en mi descripción de las materias de esta currícula que me gustaría proponer, se habrá reído con la imagen de un boletín que incluya un “Muy bien Diez” en Movimientos Pélvicos para Satisfacción de la pareja (segundo semestre).
No soy tonto… la idea no va, falta mucho tiempo para que siquiera se lea esto sin sonrisas. Pero lea bien esto señor Monseñor, hacer lobby para impedir que la educación sexual sea obligatoria en las escuelas, es irresponsablemente criminal. Es diabólico -si le cae mejor. Es extemporáneo también. Y es despótico. Usted esta prohibiendo, y no es nadie para hacerlo, (porque no le di la tutela espiritual de mi niña) que mi hija, en una escuela pública y con sus pares, pueda hablar y escuchar que el acto mas maravilloso del mundo, que es hacer el amor, no debe hacerse con culpa y que no hay “lujuria” posible en el disfrute compartido de los cuerpos.
Yo respeto su opinión, señor Monseñor... ¡Pero hace siglos que la iglesia no respeta y reprime a los que piensan distinto!
Y si una chica de 15 años queda embarazada porque le dio igual usar o no forro o fue violada o no tuvo la educación para reprimir el deseo en un momento en que debía cuidarse, arruinando, en diez minutos, su vida y la del niño que engendró, no hay Caritas que atenúe semejante acto de inhumanidad.
Entonces, Monseñor, si culpa vuestra llegamos a la difícil discusión de “aborto si, aborto no”, seguramente no sabré que opinar, tampoco quisiera opinar sobre algo que no cierra por ningún lado como lo es el aborto. A ese lugar es donde llegamos con el despotismo de la iglesia, Monseñor. Y esas campañas de los fanáticos católicos en contra de la educación sexual son, en realidad, efectivas campañas de marketing pro- aborto ilegal y de alto riego sanitario.
Y si funcionarios como Begnis o Nin, la están peleando para que la educación evolucione en una sociedad estancada bajo una falsa cruz, deben tener todo el apoyo de los sectores que pretenden, realmente, un progreso de la sociedad hacia la felicidad colectiva.
No importa el signo de quien lo ejecute. Importa que mientras usted leía esta nota, murieron varias personas por SIDA o por abortos realizados en pésimas condiciones.
No hay tiempo para llamar al consenso, como lo editorializan algunos comunicadores bastardos. La muerte no se discute, porque no tiene retorno. Sólo se trata de evitarla de evadirla, de prohibirla.
Con todo respeto, señor Monseñor, opine pero no clausure. La Biblia, y la para nada inocente interpretación de ella, puede ser norma en el Vaticano. Pero el Vaticano está en Italia y nosotros estamos aquí. Nos regimos por la Constitución Nacional.
Opinar puede aportar. Prohibir logra matar.