martes, febrero 15, 2005
Postales al paso
Siesta de epifanía. Camino bajo un sol que duda entre ejercer su poderío y abandonarse a la lluvia, dejando tras mis pasos la Torre de los Ingleses, los árboles frente al Sheraton y el Kavannah, siempre envuelta en gases primitivos de los más primitivos rodados. Entro al Bar Baro y asiento mi curiosidad. Me introduzco en leyendas y estéticas que laten en el aire, en las maderas, en el verde inglés de las paredes, en las “obras” y las columnas psicodélicas. Sola, solamente feliz, mientras el cigarro invade el ambiente en el que rola Depeche Mode. Una ensalada de frutas coloridas es la excusa, sobre una mesa del altillo de un mundo a veces añorado. En uno de esos recovecos, que a mi manera siempre busco entre las señoras circunstancias, encuentro el aquí y ahora. “Dialéctica de la vida, los círculos del alma”, le escribí hace poco al poeta Enrique. Palabras que siguen traspasando tramas, significando, vivas. Estimulante es recordar que esos círculos pueden no ser, o, de otro modo, no ser el todo. Posibilidad de crear alteridad-es. Y así, como lo que crece decrece, como el yin y el yan, el clímax se evapora ante la voz de Arjona. El momento de la partida.
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