lunes, mayo 03, 2004

Música de Salón

Por: Lula Esnaola (desde Buenos Aires)
Leyendo el mqc/blog y las crónicas sobre divididos y cabezones, se me ocurrió reseñar uno de los últimos recitales al que asistí.
Resulta que se organizó durante todo abril un ciclo en la Sala A/B del Centro Cultural General San Martin, de BsAs. Con un costo de entrada de tan solo $1, todos los viernes y sábados a las 21 hs se dieron cita bandas y artistas en solitario que podrían encasillarse dentro de la escena independiente (por sus producciones, su distribución y difusión), con algunas excepciones como el show de Emmanuel Horvilleur.
Tuve el agrado de asistir al concierto de Pablo Dacal y la Orquesta de Salón, el 16/4. Para los que todavía no han visto a la banda, se constituye en dos guitarras criollas (Julio Sleiman y Diego Castellani), un violín (con la estelar presencia de Sami Abadi), un clarinete (Gonzalo Braz), Germán Cohen en trombón, Semilla en trompeta y Pedro Guerra se encarga de la percusión. Luego se encuentran los cerebros de la banda (o por lo menos eso es lo que se recibe): Manuloop, en violoncello, además de ser el encargado de los arreglos y dirección de esta pequeña orquesta. Y luego el cantante, guitarrista y pianista Pablo Dacal, al frente.
Era la primera vez que los veía en escena, solo los había escuchado nombrar (aunque una vez en formato acústico vi a Dacal solista en un ciclo de músicos rosarinos, donde estuvo Juani, entre otros). El asunto es que se reciben varias sorpresas al respecto del concierto. Primero, que Pablo Dacal canta muy parecido a Andrés Calamaro. Su tono de voz y algunas trampas estilísticas o “metodológicas” de sus vocales parecen idénticas. Segundo, su actitud corporal rockera es impecable. Sus posturas de frontman recuerdan a Jarvis Cocker (Pulp) en pleno auge britpop/rockero, su manera de manejar hasta el cable del micrófono destilaba ese glamour propio de los muchachos desgarbados tan británicos. Esta performance rockista era la que contrastaba con la banda de sonido que lo acompañaba y creo que esa desprolijidad entre ambos elementos no desentona tanto. Quizás por esa postura, Dacal no puede terminar de ser emparentado con, por ej, Sergio Pángaro (de Baccarat), pero sí en algunos sonidos y elección de estilos en su repertorio.
En la atmósfera del concierto hubo algo de aire a vaudeville que recuerda a los trabajos de Squirrel Nut Zippers o Combustible Edison, tanto por el uso de instrumentos propios del jazz o la música clásica como también por algunos estilos que se tocan, tales como el swing, o el fox trot.
Las canciones que interpretan son de la autoría de Dacal, y sobresalen “No podrás matarme”, “Madagascar”, “Por una muñeca me hice chiquitín”, más covers de clásicos pasados, como “La petaquita” (del folclore chileno) o un tema de Leonardo Favio (creo que “Fuiste Mía un Verano” o “Ella ya me Olvidó”).
Otro elemento que hizo bien amena la velada fue la disposición escenográfica. Ya que a un costado de los instrumentos ubicaron, sobre el escenario, un pequeño bar (mesa, sillas y vino) donde los músicos que no tocaban algunos de los temas se iban a tomar unas copas hasta que les toque el turno. Ellos mismos se volvían espectadores por momentos.
Y por último, el toque “punch” de la noche fue el invitado Miguelius, un muchacho que imita bases electrónicas (que generalmente se logran con sintetizadores, computadoras y esas cositas) con sus cuerdas vocales. Algo así como un Mc Phantom en onda Pacha. Muy gracioso.
En síntesis, un ameno show con artistas para seguir de cerca. Tienen editados varios volúmenes de su “Música de Salón” y se consiguen vía Grupo Venus, creo.
Hasta la próxima!

Pd: ya están en venta (creo que ticketek) las entradas para ver a Lemonheads en mayo en BSAS. Ideal para nostálgicos del grunge y del cover de Mrs Robinson!…